Enrique Varsi Rospigliosi

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La prescripción y la caducidad son instituciones jurídicas de larga data.

Su fuente está en el decurso del tiempo y sus efectos en las relaciones jurídicas que, como sabemos, se han diversificado y dimensionado a consecuencia de factores económicos, sociales y ni que decir de la globalización.

El devenir temporal con el relacionamiento humano está compenetrado lo que merece estar en permanente revisión. La teoría, consolidada en viejos esquemas conceptuales y dogmáticos, así como algunas tendencias jurisprudenciales, no llegan a asumir la moderna dimensión de la prescripción y la caducidad.

Debe tenerse en consideración que, el tratamiento de las normas de prescripción y caducidad vigente radican en un cuerpo normativo de más de treinta años. Dicha regulación debe interpretarse e integrarse con los alcances del Código Procesal Civil de 1993, lo cual implica la revisión y análisis de las nuevas tendencias en la materia que se vienen dando en los formantes legales comparados, tal como, v.g., ha sido la reforma del Código Civil francés mediante la Ordenanza 2016-131, de fecha 10 de febrero de 2016, así como de las propuestas en torno a un Código Europeo de Contratos.

La doctrina y la legislación local, en sus diversos tipos tratan de la prescripción y la caducidad pero, muchas veces, las toman como sinónimos y, otras, las confunden una con la otra: en vez de prescripción hablan de caducidad y de caducidad por prescripción. Asimismo, se mal entienden y no se han llegado a (re)interpretar los términos imprescriptibilidad e incaducibilidad, ni mucho menos a identificar los supuestos de aplicabilidad ni medir ni sus efectos. Tampoco se ha advertido, en su real alcance, que los supuestos de imprescriptibilidad o incaducibilidad puede ser típicos (previstos en una norma) o atípicos. Así tenemos, la siguiente esquema de desarrollo:

• La regla es que “todo caduca o prescribe, a menos que la ley señale lo contrario” (Osterling Parodi, F., & Castillo Freyre, M. (2004). Todo prescribe o caduca, a menos que la Ley señale lo contrario. Derecho & Sociedad(23), 267-274.).
• La excepción se da en los casos en que judicialmente se declare la incaducibilidad o la imprescriptibilidad.

Por tanto: Todo caduca o prescribe salvo la ley -o la jurisprudencia- diga lo contrario.