COMENTARIO JURÍDICO

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    Alvaro Bonilla Concha

    abonilla@er.com.pe

    Claudia García Bustamante

    cgarcia@er.com.pe

    Sobre los Moot Court

    Para casi todos los estudiantes de derecho que han participado en un tribunal simulado (o “moot court”), este es una experiencia inolvidable que permite afinar aquellas capacidades que les serán exigidas a los litigantes en el mundo real. El proceso de convertirse en un defensor idóneo es un camino largo y, quizás, interminable.

    Los ejercicios de tribunales simulados permiten a los estudiantes de derecho ahondar en tres de las habilidades que finalmente, se espera de todo litigante: (i) comenzar una discusión con una conclusión y rumbo claro, (ii) mostrar de manera diferenciada los hechos de las opiniones, y (iii) organizar un defensa basándose en la pregunta ¿Cómo se podría persuadir mejor? En vez de brindar una mera narración cronológica de los hechos1.

    Ciertamente, en la vida real las destrezas deseadas no se circunscriben a conocer la normativa vigente, sino a la capacidad de los abogados de trabajar en conjunto, actuar éticamente y, sustentar de modo solvente, de manera oral aquellos argumentos hallados durante la fase de redacción e investigación.

    El litigante debe comunicarse de manera que pueda reflejar los intereses de sus clientes, ya sea ante un tribunal, en una entidad estatal o en una sala de juntas, razón por la cual la competencia le resulta de mucha utilidad.

    Ciertamente, los tribunales simulados no son una tarea sencilla que pueda ser abordada de manera ligera, pues no están destinados a ello, todo lo contrario, su estructura tiende a desafiar a los competidores en un cantidad de formas, tanto obvias como sutiles. Un desafío obvio, será por ejemplo el presentar los escritos de manera oportuna y, una vez arribada la fase oral, lidiar con las preguntas de manera habilidosa.

    Los desafíos más sutiles vienen por la propia naturaleza de que sea, justamente, una competencia. Así, por ejemplo el relato de hechos de un caso tiene muchas áreas grises. En muchas competencias no se incluye medios probatorios, por lo que da una falsa sensación de que bastase con un mero dicho de parte para establecer una defensa sólida. Sin embargo, esta limitación es un mal necesario, pues los árbitros de un tribunal simulado son ocupados profesionales que disponen con un tiempo sumamente limitado para revisar la totalidad de los casos, razón por la cual se crea un “expediente” sumamente breve y, apto para una sencilla revisión.

    Sin embargo, una presentación de los tribunales simulados debe considerar también a las opiniones críticas y escépticas respecto de los mismos.

    Una de las críticas más interesante ha sido formulada por el Juez americano Alex Kozinski2, quien sostiene que dado que en un tribunal simulado los jueces evaluarán a los estudiantes sobre sus habilidades de defensa y no sobre los méritos del caso se origina «una desviación drástica de la forma en que suceden las cosas en la vida real». En esa misma línea, indica que debido a que los competidores del tribunal simulado deben argumentar tanto en la postura de demandante, como demandando no tienen ninguna inversión emocional en el cliente del caso hipotético: un motivador importante en la defensa de la vida real.

    El juez Kozinski reprende a los programas de tribunales simulados por no preparar a los estudiantes para lidiar con «el aspecto más importante de cualquier caso: el expediente».

    Quizás la crítica más severa y, reiterada es que: “Los jueces [o árbitros] simulados juzgan a los abogados. Los jueces reales juzgan los casos. La diferencia es enorme»3.

    Si bien, las criticas pueden resultar válidas, pues un tribunal simulado no puede reemplazar las habilidades que se adquirirán con el ejercicio real del litigio, esto no invalida que permiten a los estudiantes obtener, anticipadamente, experiencias que de otra forma, no podrían alcanzar sino hasta encontrarse en un litigio real, en particular:

    • Trabajo en equipo: siendo que estas competencias requieren que los estudiantes trabajen no solo con otros compañeros, sino con abogados de mayor experiencia que fungen de guías a lo largo del proceso. Así, se arriban a definir las líneas de defensa y, argumentos legales a ser empleados. Los compañeros de equipo deben trabajar juntos para revisar y editar el escrito a ser presentado, además de esforzarse por mantener una armonía que disipe la sensación de redacción por retazos.

    Dice un viejo adagio que una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, por lo que los integrantes de los equipos usualmente se enfocan en enseñarse unos a otros y, desarrollan una simbiosis donde la divergencia permite el crecimiento. El resultado es que cada participante aprende de sus pares.

    • Crítica constructiva: usualmente los organizadores se empeñan en invitar a los abogados de más alta relevancia en sus países para que funjan de árbitros a lo largo de la competencia. Incluso, participan árbitros de conocida notoriedad. Razón por la cual el tribunal simulado es una oportunidad para discutir cuestiones fundamentales de derecho ante académicos, profesionales y jueces líderes, que permite a los estudiantes a escuchar valiosas críticas constructivas de aquellos con más experiencia en elaboración y entrega de argumentos.

    • Desempeño en alegatos orales: si bien en la vida real el juez decidirá por quién tenga la razón en el caso concreto y, no por las habilidades de los defensores, no es menos cierto que existen ocasiones donde la habilidad de un defensor es determinante para la toma de dicha decisión.

    Efectivamente, los casos reales presentan una serie de matices donde muchas veces resultará impreciso determinar cuál de los interesados tiene la razón, por lo que será un factor determinante para inclinar la balance en favor de una de las partes la habilidad del litigante al exponer sus argumentos.

    Sobre este punto, tomamos prestadas las palabras del profesor Timothy A. Baughman quien al referirse a los tribunales simulados destaca: «Aquellos de nosotros sin talento para la oratoria ciertamente podemos aprender a ser muy efectivos en nuestras defensas orales y, aquellos que son oradores dotados aprenderán que no pueden sobrevivir con su don solo”4 y, es que tanto en los tribunales simulados, como en cualquier otro ejercicio académico, los participantes deben trabajar duro, practicar sin cesar, y aprender la ley sustantiva y las vicisitudes de lidiar con distintos perfiles de jueces y/o árbitros. Siendo esto así, la suma de esfuerzo y talento da lugar al crecimiento de los participantes.

    De lo antes dicho se puede apreciar claramente que los tribunales simulados son, sin lugar a duda una experiencia única en la formación de abogados, particular y especialmente en aquellos que se van a dedicar al litigio, por lo que su implementación en el currículo universitario respecto de estudiantes, que cuentan con la legítima expectativa de ocupar roles profesionales poco vinculados al litigio, debe ser también analizada.

    Asimismo, compartimos la idea de que praxis y teoría deben ir de la mano. Por ende, valoramos el concurso de la dogmática, la cual si bien tiene limitaciones, permite el conocimiento riguroso de instituciones y conceptos jurídicos. Por lo que, no compartimos la idea de que la inclusión de los tribunales simulados en la formación jurídica implique una superación de la dogmática, por el contrario, consideramos que una mejor performance en un tribunal simulado se dará en tanto se cuente con un claro conocimiento de conceptos jurídicos.

    Finalmente, una advertencia. En el contexto de un tribunal simulado resulta no solo útil, sino hasta necesario recurrir al concurso de actores, el uso de la psicología de la persuasión, técnica de manejo discursivo y el stroytelling, pero cuidando de conjugar adecuadamente la forma y la substancia en la argumentación.

    1. LEBOVITS Gerald, GEWUERZ Drew, and HUNKER Christopher. Winning the Moot Court Oral Argument: A Guide for Intramural and Intermural Moot Court Competitors. Capital Unviersity Law Review. Vol. 4 N° 4. 2013.
    2. KOZINSKI, Alex. In Praise of Moot Court—Not!, 97 COLUM. L. REV. 178, 192 (1997).
    3. ALVIN B. Rubin. Book Review, What Appeals to the Court, 67 TEX. L. REV. 225, 225 (1988) (reviewing MICHAEL E. TIGAR, FEDERAL APPEALS: JURISDICTION AND PRACTICE (1987).
    4. Timothy A. Baughman, Effective Appellate Oral Advocacy: “Beauty is Truth, Truth Beauty,” 77 MICH. B.J., Jan. 1988, at 38, 38.